Se amamantaba del mar,
le acunaban los pesqueros,
era un bocarte de plata,
y le llamaban raquero.
(El raquero, Jose Enrique Parapar)
Blanca atalaya que vigila a los suyos desde lo alto. Radiante faro para el caminante.
"Diez litros diarios por familia". Eso era lo que correspondia por norma cuando al fin los pusieron. Y el cubo pasó a la historia.
En la fria y húmeda pared, desconchada por el tiempo, como la arrugada piel de una anciana; testigos de una época, mudos, quietos, dos aisladores de ceramica surgen de la pared como hongos, inservibles pero resistiendo.
